Es el árbitro de baloncesto en activo con más partidos en Liga ACB y uno de los más reconocidos de España y de Europa. Y es de Ciudad Real. Emilio Pérez Pizarro (1 de octubre, 1975) presume de tierra, de familia y de profesión, no necesariamente por este orden, y no es para menos, porque de todos tiene su respeto y cariño. Autoexigente en lo profesional pero cercano en el tú a tú, Pérez Pizarro nació para estar en una cancha de basket, donde se mueve como pez en el agua. Con los pies, el corazón y la cabeza en el presente, su futuro lo marca el próximo partido, sin mirar más allá.
“El baloncesto puro, el mejor, se disfruta en la ACB y en la Euroliga”
Pregunta.- A sus 50 años, la mitad, 25, se ha dedicado a arbitrar en la máxima categoría del baloncesto español, la liga ACB, siendo el colegiado en activo con más partidos dirigidos (más de 800) y uno de los más respetados en el parqué y fuera de él; con esta excelente trayectoria, ¿qué balance hace? y ¿qué le queda por hacer?
Respuesta.- Me siento afortunado y agradecido de poder disfrutar de mi pasión que es arbitrar. Cuando comencé, jamás hubiera imaginado llegar a donde he llegado, pero, si te soy sincero, no me detengo demasiado en pensar lo ya recorrido, cuando decida poner fin a mi carrera profesional, será el momento de hacerlo. En cuanto a lo segundo, me hubiera gustado ir a unos Juegos Olímpicos, algo ya imposible. Ahora, mi reto profesional es seguir arbitrando, dando lo máximo de mí para poder disfrutar de cada partido.
P.- ¿Por qué no puede arbitrar en una olimpiada?
R.- En su momento renuncié a la licencia activa de FIBA, lo que implica no estar disponible para sus competiciones, Europeos, Mundiales ni JJOO; cuando pude ir a unos, no me seleccionaron. Por ello, ahora arbitro ACB y Euroliga.
P.- En su instituto, el Juan de Ávila, usted jugaba al baloncesto, ¿qué o quién le hizo cambiar?
R.- Cogí un silbato por casualidad. Fue en una olimpiada marianista, imagino que estaría jugando y un profesor del centro, Antonio Víctor, buen amigo, nos preguntó a un grupo de chicos si queríamos arbitrar. Esa fue la primera vez que usé un silbato y ya no lo he dejado, con lo cual le estoy muy agradecido. Aquello me gustó y decidí compaginarlo con el basket y otros deportes; me federé, comencé en deporte escolar y así, paso a paso, arbitrando en todas las categorías, quemando etapas y consiguiendo objetivos, hasta ACB.
P.- ¿En qué ha cambiado el baloncesto en 25 años?
R.- El baloncesto ha evolucionado sobremanera. Ahora es un juego mucho más rápido, intenso y físico. Por ponerte un ejemplo, los rangos de tiro se realizan desde una distancia más larga. Pero, bueno, me quedaría con que es un baloncesto enormemente dinámico y de gran intensidad.
P.- Y ese dinamismo de juego, ¿a los árbitros les supone una preparación mayor?
R.- Más que mayor, porque en el pasado también se requería una preparación importante, lo exacto sería decir un esfuerzo acorde al baloncesto que se arbitra. Es decir, una formación física y técnica elevada y continua. La exigencia corporal es notable (se puede llegar a recorrer 7 km. con constantes cambios de ritmo) y los avances técnicos son algo frecuentes.
P.- ¿Ha sufrido usted alguna lesión?
R.- Sí, en plural, lesiones, pero las lógicas y normales de una dilatada carrera. La más relevante fue una hernia cervical en 2010 que me dejó seis meses en el dique seco, el mayor periodo de inactividad que he tenido. En el quirófano me puse en manos de un magnífico cirujano y traumatólogo, el doctor Tatay de Sevilla.
P.- ¿Se ha visto obligado a detener un partido por algún motivo extraordinario?
R.- Pues sí. Tengo la anécdota curiosa de haber arbitrado un partido que nunca se ha llegado a terminar. Era un Fuenlabrada-Gran Canaria. El parqué estaba abombado bajo una de las canastas. En el tercer cuarto, creo recordar, decidimos suspender el encuentro para solucionar el problema porque podría conllevar riesgo de lesiones. Pero no se pudo arreglar y se suspendió, hasta el día de hoy; llegó la pandemia y todo se paralizó.
P.- ¿Qué significó para un árbitro de basket como usted la pandemia sanitaria?
R.- La pandemia me causó tristeza tanto en lo personal como en lo profesional. El baloncesto tuvo la fortuna de ser de los primeros deportes en retomar las competiciones. Era desolador ver los pabellones sin público, porque este deporte y otros carecen de sentido si no está la afición.

P.- ¿Existen episodios de violencia de la grada en el baloncesto como pasa en el fútbol?
R.- Disponemos de un protocolo antiviolencia con unos pasos a seguir muy marcados. En mi caso, no lo he tenido que aplicar nunca afortunadamente. Y, en general, creo que se ha hecho en contadas ocasiones. Gozamos de una salud buena y una educación plena en ese sentido.
P.- ¿El baloncesto dispone de VAR?
R.- Llevamos un tiempo con un sistema similar denominado IRS (Instant Replay System) donde valoramos jugadas, te diría que en casi todos los partidos hacemos uso del IRS en varias ocasiones. La valoración la hace el árbitro principal junto a sus compañeros de pista.
P.- Hemos hablado del Covid en lo negativo, pero ¿cuáles han sido sus mejores etapas?
R.- Aparte del ascenso, evidentemente; la primera vez de un play-off, de una final o las propias etapas que se queman dentro de la propia ACB. Asimismo, vivo de forma intensa y con enorme responsabilidad los partidos por el descenso, donde la tensión es máxima y hay mucho en juego.
P.- Partidos de máxima intensidad y donde cada jugador, estrella o no, tiene su ego…
R.- Como todo en la vida, donde cada cual posee su carácter. En la cancha hay que conocer, tratar, respetar y empatizar con los jugadores y ellos con nosotros. Luego, cada uno hace su trabajo e interactúa de la manera más correcta.
P.- ¿Actúa como psicólogo en estas situaciones?
R.- No, no pretendo ser psicólogo, pero me gusta formarme con el fin de disponer de herramientas suficientes para solventar momentos de tensión en la cancha. A mí me ayuda la formación en relaciones interpersonales donde llegas a entender las reacciones y a empatizar.
P.- La ley establece que un árbitro no es de ningún equipo, pero usted tendrá su corazoncito…
R.- Claro que tengo mi corazón, pero hace muchísimo tiempo que no está con nadie, nada más que con mi labor profesional. No soy seguidor de nadie ni tengo sentimiento hacia nadie. Nosotros no arbitramos colores, sino personas y situaciones. Lo que pasa es que la gente es como es y dice que, si eres de uno o de otro, que luego tampoco concuerda, pero es algo habitual, entra dentro de la dinámica arbitral y deportiva.
P.- ¿Cuántos partidos arbitra por temporada?
R.- Alrededor de unos 60-65 por temporada: 30 en ACB más 6 o 7 si entramos en play-off y Copa del Rey, y en Euroliga unos 25-30. A la semana puedo arbitrar unos dos o tres encuentros. Es una agenda muy apretada, en la que hay que incluir no sólo el partido en sí sino viajes.
P.- ¿Cómo valora la Euroliga y la ACB actuales?
R.- La Euroliga es la competición máxima de Europa y donde entran los equipos más punteros de las competiciones nacionales. A mi juicio, es la mejor liga de baloncesto del mundo sin ningún tipo de duda. Y en España, la ACB es la mejor competición nacional. La NBA es otro tipo de juego, mucho espectáculo, entiendo que pueda enganchar a los jóvenes, pero si quieres ver baloncesto puro, el europeo es el mejor. En ACB hay muchísimo nivel en todos los clubes, no sólo los punteros, y esta circunstancia me impele a hacer un arbitraje óptimo.
P.- ¿Viene a menudo por Ciudad Real?
R.- Vivo en Ciudad Real con mi familia. Todo el tiempo libre del que dispongo, que no es mucho, estoy con ellos. Mantengo mis amigos de la infancia, aunque apenas tengo vida social. No me quejo, he elegido libremente esta profesión y me va bien. Prefiero pasar mi tiempo con mi mujer y mis dos hijos. Sin mi esposa, tú y yo no estaríamos aquí sentados; ella es el pilar máximo de la familia, aporta equilibrio en mis ausencias.
Texto y fotos: Oliva Carretero Ruiz

