Carmen Quintanilla Barba / Presidenta nacional de Afammer, parlamentaria de honor y
permanente en la Asamblea
Parlamentaria del Consejo de Europa

Hay fechas que sirven para mirar con más atención una realidad que debería ocuparnos todos los días. El 15 de octubre, Día Internacional de las Mujeres Rurales, es una de ellas. Una fecha para reconocer a quienes, desde nuestros pueblos, sostienen buena parte de la vida, la economía y el futuro de nuestros territorios.

Este año, además, la mirada se dirige de manera especial hacia las agricultoras ya que 2026 ha sido declarado por Naciones Unidas como el Año Internacional de la Agricultora, para reconocer el papel esencial que desempeñan las mujeres en los sistemas agroalimentarios, desde la producción hasta la transformación, la comercialización y la distribución de alimentos.

Y no es para menos. Hablar de agricultura es hablar de alimentos, de territorio, de sostenibilidad y de futuro. Pero también es hablar de mujeres que durante décadas han trabajado en las explotaciones agrícolas y ganaderas sin que su esfuerzo tuviera siempre el reconocimiento que merecía.

Hace más de 45 años, cuando fundamos la Asociación AFAMMER, hablar de igualdad en el medio rural parecía una utopía. Nadie hablaba de la mujer rural. Era invisible para las estadísticas, para las instituciones y, en demasiadas ocasiones, para la propia sociedad.

Aquellas mujeres fueron nuestra inspiración. Y siguen siendo nuestra razón de ser.

Desde entonces hemos contribuido a impulsar avances como la Ley de Titularidad Compartida de las Explotaciones Agrarias y hemos trabajado para que las mujeres rurales tengan más oportunidades de formación, emprendimiento, empleo y participación. Pero también hemos aprendido algo fundamental: las leyes son imprescindibles, pero el verdadero cambio llega cuando cambia la mirada de la sociedad.

Hoy las mujeres rurales siguen encontrando obstáculos. Su presencia en los espacios de decisión del sector agrario continúa siendo limitada. Los datos que manejamos muestran que solo el 29,9 por ciento de las mujeres dirigen explotaciones agrarias y que su presencia en los órganos de gobierno de las cooperativas sigue siendo reducida. Detrás de cada porcentaje hay mujeres con capacidad, experiencia y proyectos que merecen tener voz.

Porque una agricultora no es únicamente alguien que trabaja la tierra. Es una profesional, una empresaria, una productora de alimentos y, muchas veces, una pieza fundamental para mantener vivo un pueblo.

Por eso, hablar de mujer rural es también hablar de arraigo. Cuando una mujer encuentra oportunidades para desarrollar su proyecto de vida en su pueblo, gana ella, gana su familia y gana toda la comunidad.

En AFAMMER sabemos bien que hablar del campo no es hablar del pasado. Es hablar del futuro de España. Nuestros pueblos producen alimentos, protegen nuestro patrimonio natural y cultural, generan riqueza y conservan valores que siguen siendo esenciales: solidaridad, esfuerzo, compromiso y sentido de comunidad.

Por eso, España no es una España vaciada. Es una España que dona: dona alimentos, energía, talento y valores.

En el próximo año 2027, AFAMMER celebrará 45 años de vida. Será una oportunidad para recordar de dónde venimos y, sobre todo, para mirar hacia adelante. Porque aquellos sueños que hace más de cuatro décadas parecían una utopía comenzaron a hacerse realidad gracias al trabajo, la perseverancia y el compromiso de miles de mujeres.

Y mientras haya una mujer rural dispuesta a seguir adelante, habrá una razón para seguir trabajando.