
Fidel Torres / Periodista
Creo que ya va siendo hora, gran maestro de la ironía sin maldad (cosa que, por otra parte, habría que verlo, lo de la maldad, me refiero), que toquemos ese tema tabú que, mes a mes, vamos aparcando. Porque, la verdad, me tiene en ascuas saber, definitivamente, en qué lado se posiciona su excelencia.
– No sé, Lorencito, jovenzuelo irrespetuoso e impertinente, a que tema tabú te refieres, pues aunque hay algunos que me apetece tocar menos que otros, no me viene a la memoria nada que aquí no podamos destripar.
– Me refiero a ese que ha dividido, y sigue dividiendo, a los españoles en dos bandos irreconciliables. Ese que al “españolito que vine al mundo ha de helarle el corazón” como bien dejó apuntado el gran poeta don Antonio Machado.
– ¿Hablas de la guerra civil, la más incivil de todas las guerras?
– No maestro, no. No hablo de tal escabechina, ni tampoco de ese gravísimo enfrentamiento histórico entre los partidarios de Joselito o de Belmonte, del Viti o del Cordobés, o del Real Madrid contra el Barça. Es algo mucho más grave.
– Pues tú dirás, porque a lo largo de nuestra historia no ha habido motivos más graves, que yo sepa, que los mencionados para ese enfrentamiento cainita.
– Me refiero a la tortilla de patata. Y más en concreto a su composición. En fin, lo diré todo: ¿lleva la tortilla de patata cebolla o no la lleva? Esa es la cuestión que me atenaza y no me deja vivir.
– Acabáramos, Lorencito, acabáramos. El asunto es peliagudo, lo reconozco, y admito que lo he ido dejando de lado por no tener enfrentamientos, porque sé que por el solo hecho de mencionarlo vamos a herir muchas susceptibilidades.
– Pues nada, ya que lo hemos planteado, intentemos echar algo de luz sobre tan tenebroso, acongojante y espinoso, asunto.
-Propongo para ello, audaz y temerario jovenzuelo, que lo enfoquemos desde el punto de vista más científico y aséptico posible y para ello creo que, nada mejor, que ver qué es una tortilla, definirla según lo que la RAE nos indique. Ésta dice así: “Alimento preparado con huevo batido, cuajado con aceite en la sartén y de forma redonda o alargada, al que a veces se añaden otros ingredientes”.
– Así pues, y según esto, una vez tengamos todos estos elementos en danza, si queremos una tortilla de patata, bastará con añadir patata. ¿No es de esta opinión vuecencia?
– Así es. Y aquí terminaría el conflicto. Pero digo yo ¿y si en vez de añadir patata echásemos otro elemento, pongo por caso un poco de chorizo, no tendríamos en ese momento en el plato una tortilla de chorizo?
– Evidentemente ilustrísimo maestro. Y si por un casual le añadiésemos unos espárragos de Navarra, tendríamos tortilla de chorizo con espárragos? O de setas si las hubiésemos tenido a mano, cosa también muy gastronómica.
– Sí Lorencito sí, pero ¿y la cebolla en la de patatas? Porque esa es la cuestión.
– Pues es evidente y se deduce de lo antes dicho (los espárragos y el chorizo), que si una tortilla es de espárragos y chorizo no es sólo de chorizo, luego no podemos decir que es de chorizo, ya que es también de otra cosa. Y si es de patata ha de ser solo de patata, si le echas cebolla ya es de patata y cebolla (sobre las cantidades de una cosa u otra también habría mucho que decir, porque podríamos hablar de una tortilla de cebolla a la que se añadiese un poco de patata), y nunca podríamos decir que estamos hablando de una tortilla de patata, sino de una tortilla que, entre otras cosas, lleva patata.
– Brillante análisis, Lorencito. Está claro que no hay nada como hablar desde un punto de vista científico y con propiedad, y en este caso me estás dejando atónito y estupefacto. Pero te pregunto ¿puedo echar cebolla a la tortilla de patata? Porque a mí me gusta tanto con cebolla como sin cebolla (lo digo por no molestar ni enfrentarme con nadie).
– Claro que puede echar cebolla, amado y respetado maestro, ya lo dice la RAE, puede “añadir otros ingredientes al huevo”, sin especificar, pueden ser dos o doscientos, según gustos y posibilidades. Imagínese que se echa cebolla, pimiento, tomate, patata, berenjena, calabacín, judías verdes y coliflor… ¿De qué sería la tortilla? ¡Pero tortilla sería…! lo que debe quedar claro es que en realidad no estamos hablando de una cuestión gastronómica, sino de un término lingüístico, y que todo puede quedar muy claro si sustituimos un “con” por una “y”, de forma que no se trataría de una tortilla de patata con cebolla sino de una tortilla de patata y cebolla. ¿Estamos de acuerdo?
– Estamos joven lumbreras. Estamos. Así pues la tortilla de patata no debe llevar cebolla (ni chorizo, ni espárragos, ni caviar iraní, si queremos mantenerla virgen) mientras que la tortilla de patata y cebolla no sólo lleva cebolla, sino que es obligatoria echarla porque…¿te imaginas una tortilla de patata y cebolla sin cebolla?
-Sí ingenuo maestro, me la imagino tan bien como el café descafeinado, la Coca Cola Zero, y eso de que Hacienda somos todos. A mí, si algo me sobra, es imaginación.
Foto superior: Parece una tortilla de patata, pero no lo es. Es de patata, cebolla y chorizo. (Foto: Bon Viveur)

