
Manuel Rayo Gutiérrez / Presidente del Colegio Oficial de Médicos de Ciudad Real
Han pasado algo más de siete meses desde que asumí la presidencia del Colegio de Médicos de Ciudad Real. Un periodo intenso, exigente y muy gratificante, en el que he intentado aprender -sin tener la sensación de que pueda llegar a hacerlo completamente- lo que significa dirigir este colegio profesional. Ante todo, defender sin descanso la dignidad de una profesión singular, con la responsabilidad más alta en el proceso sanitario asistencial y con una formación que supera, en la mayoría, los diez u once años.
Este mandato comenzó en un contexto especialmente difícil. La provincia vivió un “verano negro” de agresiones a sanitarios, que evidenció de manera cruda la vulnerabilidad a la que se enfrentan los profesionales en su práctica diaria. Las agresiones -verbales y físicas- no son incidentes aislados: son un problema estructural que exige medidas inmediatas y contundentes. Por ello, este Colegio no ha dudado ni dudará en exigir a la administración respuestas eficientes, proporcionadas y coordinadas ante cualquier ataque, que castiguen a los agresores y prevengan sus acciones. Tolerancia cero, sin matices.
Valoro las nuevas medidas anunciadas por el SESCAM -como la figura del director de Seguridad y la compatibilidad entre la vía penal y administrativa-, pero he insistido siempre en que el paquete de actuaciones debe cumplirse íntegramente. Fuimos claros el 18 de septiembre, en Toledo, cuando acordamos un plan concreto: cámaras en espacios comunes, vigilancia privada donde sea necesario, pulseras y botones de alarma, uso de AlertCops, limitación del acompañamiento y prohibición de grabaciones no autorizadas. No pedimos nada extraordinario: pedimos justicia y coherencia.
Desde abril hemos mantenido un diálogo permanente con instituciones y administraciones locales, provinciales y autonómicas. Hemos firmado acuerdos de colaboración, reforzado la complicidad con nuestra Facultad de Medicina y acompañado a las sociedades científicas que así lo han solicitado. Nuestro programa electoral no fue una promesa vacía: fue un compromiso de trabajo. Algunos proyectos ya están en marcha y otros avanzan con paso firme. Hemos impulsado la precolegiación para acercar la vida profesional a los estudiantes de Medicina y renovado la apuesta por la transparencia institucional y por una comunicación más fluida y habitual con los colegiados. Son líneas que requieren constancia y que continuarán en los próximos meses.
A ello se suma un escenario nacional especialmente complejo. En las últimas semanas, la reforma del Estatuto Marco ha llevado a miles de médicos a manifestarse en Madrid. También el Colegio de Ciudad Real estuvo allí, y yo mismo lo dije ante cámaras y micrófonos: la profesión médica es singular, y esa singularidad debe ser reconocida. No queremos privilegios, queremos justicia. No pedimos más que lo que corresponde a quien carga con la máxima responsabilidad asistencial. No aceptamos una jornada de 45 horas mientras otros colectivos reclaman —con razón— las 35; ni que no computen las horas de guardia para la jubilación; ni la equiparación con profesionales sanitarios que no alcanzan ni la mitad de nuestro período formativo. Y no aceptamos incoherencias por parte de quien, habiendo sido médica, sostenía antes posiciones contrarias a las que hoy defiende como ministra.
A pesar de todo, tengo una convicción firme: la unidad de la profesión es más fuerte que el ruido político. Lo he visto en Ciudad Real, donde más de 600 profesionales, estudiantes y residentes participaron en la anterior jornada de huelga. Y lo vimos en noviembre, cuando miles de médicos caminaron juntos desde el Congreso hasta el Ministerio de Sanidad. Esa unidad -que no teníamos desde hace 40 años- es, quizá, la mejor noticia de este año.
La potenciación de la formación médica continuada es otra de nuestras líneas fundamentales. Con la colaboración de la Comisión y el director de Formación queremos modernizar nuestras instalaciones para ofrecer un programa continuo y de calidad. En paralelo, avanzamos en la modernización de la gestión y los servicios colegiales, acercando el Colegio a sus profesionales.
Los próximos meses no serán sencillos, pero los afrontaremos con ilusión: culminar la guía de actuación ante agresiones, modernizar más espacios, programar nuevas actividades formativas, avanzar en la digitalización y fortalecer la interlocución institucional y social. Nada sería posible sin la junta directiva, la comisión deontológica, la de formación y los empleados del Colegio. Solo tengo palabras de agradecimiento por su apoyo.
Al final, todo se resume en una idea irrenunciable: nuestra voluntad de cuidar a las personas con amabilidad, respeto y el máximo rigor científico. Ese es, y seguirá siendo, nuestro compromiso.

