Hombre sencillo y humilde, querido vecino de su pueblo, Daimiel -donde ha sido Medalla de Honor 2025-; cantaor, guitarrista, casi musicólogo, Ricardo Fernández del Moral Pozuelo (Ciudad Real, 17 de junio de 1974) ha construido una prometedora carrera artística con una voz y un toque a la guitarra únicos en España y el mundo. Ha actuado en los mejores escenarios del país, como el Teatro Real, con aclamadas giras internacionales. Prepara su segundo disco, de adaptaciones de Lorca, León Felipe o El Quijote, además de, entre otros, un concierto en el Quijano de villancicos flamencos.
«Intento hacer un flamenco para todos con pedagogía de cada cante en mis espectáculos»
Pregunta.- ¿De dónde te viene la pasión por el flamenco?
Respuesta.- De mi padre, le apasiona el flamenco, sobre todo el cante. Él impulsó, junto a otros aficionados de Daimiel, una peña flamenca, en la que se reunían a tocar y a bailar. Cuando tenía ocho años, me puso a aprender a tocar porque no había guitarrista en la peña. En mi casa se ha escuchado flamenco, no sólo a mi padre sino discos de Antonio Mairena, José Menese, Enrique Morente, Camarón… Además, cada fiesta, celebración o reunión familiar acababa con mi padre cantando y yo a la guitarra.
P.- Comenzaste con la guitarra, pero ¿cuándo y cómo diste el paso de atreverte con el cante?
R.- En la infancia mantuve una relación de amor-odio con la guitarra, porque tenía que desplazarme a Tomelloso y en los viajes me mareaba. Ya en la adolescencia me aficioné al cante, pese a que seguía con la guitarra tocando en peñas flamencas y otros sitios donde sacaba algún dinerillo. En cierta ocasión, me atreví a cantar en la peña La Sonanta, donde nos reuníamos semanalmente y aún hoy seguimos viéndonos. Su presidente me animó a ir a un programa en Madrid ‘Cuando llega el duende’ con un jurado compuesto por Enrique de Melchor, gran figura de la guitarra flamenca; José Manuel Gamboa, investigador y escritor del flamenco; Paco del Pozo, cantaor; Juan Verdú, ex director del Suma Flamenca de Madrid, y José Mª Velázquez-Gaztelu, presentador de programas de flamenco en RNE Radio Clásica. Imponía bastante, era la primera vez que iba yo solo al cante y con la guitarra, era julio de 2011, pero quería impresionarlos… Enrique de Melchor se acercó a decirme: «Ya te digo que vas a ganar tú. He conocido a cantaores que se dan los tonos con la guitarra y he conocido a guitarristas que canturrean, pero nunca he visto esto, las dos cosas a este nivel».
Gané el certamen y a raíz de aquello empecé a trabajar como cantaor y guitarrista en el famoso tablao de Café de Chinitas en Madrid, además de obtener premios en diferentes concursos. En mi entorno empezó el debate sobre si era mejor que fuese solo o con alguien a la guitarra.
P.- ¿Y tú qué sentías qué era lo mejor?
R.- No lo tenía claro, pero dicen que el movimiento se demuestra andando. En un concurso en Extremadura sólo canté, me acompañó el guitarrista oficial; mientras que yo toqué para un amigo. Al final ganó él y yo me llevé el tercer premio. Aquello me sirvió para saber que es posible que cante mejor sin guitarra, pero la guitarra tiene más pros que contras. Cantaores buenos hay muchos y guitarristas también, pero gente que haga lo que yo hago a nivel profesional, no hay nadie. Te da otra dimensión, no existe mejor compenetración.
P.- Lo que haces, tocar y cantar, no es nuevo, ¿no?
R.- No, esto es tan antiguo como el mismo flamenco. En el siglo XIX, todos los padres del flamenco, desde Silverio Franconetti, Juan Breva, Rojo el Alpargatero, el Planeta, todos se tocaban la guitarra, eran acompañamientos básicos y muy rudimentarios. Pero en estos casi 200 años, la guitarra ha evolucionado muchísimo, es más compleja. La dificultad está ahí, en cantar y tocar como se toca ahora. Por eso no se hace.

P.- ¿Quiénes son tus referentes o con quién te comparan?
R.- Cuando escuchaba discos en los 80 o 90 era seguramente la mejor generación de artistas flamencos y con una personalidad increíble. Camarón, Enrique Morente, Juan Peña el Lebrijano, Antonio Fernández Díaz ‘Fosforito’, Paco de Lucía… En cuanto a comparaciones, la gente me dice que soy el Juan Breva de hoy. Fue un cantaor y guitarrista malagueño muy famoso de la segunda mitad del XIX, actuaba en fiestas en palacio.
P.- En 2012 ganaste la Lámpara Minera del Festival Internacional del Cante de las Minas en La Unión (Murcia), que supondría el espaldarazo definitivo a tu carrera artística ¿no?
R.- Sí, este festival supuso un empujón extraordinario a mi carrera. Cuando me dijeron que estaba clasificado en cinco palos de flamenco, el mayor número, yo con eso ya había ganado.
Comencé cantando por soleás, que es el palo que más me gusta y con el que más cómodo me siento, la gente me acompañaba con ¡olés! bien dados; cuando terminé, el público, más de 2.000 personas, se pusieron en pie aplaudiéndome y preguntándose ¿pero tú donde estabas metido? Fue impresionante. Conseguí un hito histórico, gané la Lámpara Minera y los cinco cantes. O sea, soy el que tiene más premios en toda la historia del festival más importante del flamenco.
Con este logro, pasé de jugar en una categoría regional a ganar la Champions y subirme a escenario de festivales a los que soñaba solo con verlos: Suma Flamenca de Madrid, Festival de Jerez, Festival de Jazz de Barcelona, actuar en el Teatro Real de Madrid…, y comenzaron las giras internacionales. Fosforito dijo, al ganar los premios nacionales de Córdoba, que no era el final, sino el principio de tener que asumir y defender una responsabilidad cada vez que subes al escenario. Y es cierto. Cada vez que actúo, me miran bajo el prisma de aquella Lámpara Minera.
P.- ¿Qué acogida has tenido en los escenarios, has visto mayor entusiasmo en países como Japón o EE. UU. que en España?
R.- En España existe un prejuicio con el flamenco. A un 30 % de la población le gusta, a un 10 % no, y el otro 60 % no sabe que le gusta porque no lo ha probado. Pueden pensar que es algo muy antiguo o han escuchado algún disco que no les gustaba… Tras ganar la primera y única vez el Cante de las Minas actué en mi pueblo y vinieron 3.000 personas, muchos por curiosidad, y quedaron encantados. En muchos de mis espectáculos hago pedagogía, explico el origen de cada cante, e intento hacer un flamenco para todos, para el que entiende, con los cantes tradicionales, pero también versiones flamencas de canciones populares, donde la gente que va por primera vez a ver un espectáculo flamenco, se siente identificado. Al flamenco hay que acercarse para conocerlo, en directo y con un espectáculo bueno. Es como el que nunca ha probado las gachas, si le ponen de primeras unas malas, ya no le gustarán.
Fuera de España, el flamenco está muy valorado. Japón es una potencia, se vive con mucha intensidad y a los cantaores y guitarristas se les venera como a los samurais. Sólo en Tokio, hay más de 700 escuelas de baile flamenco. De hecho, la ganadora de baile del Festival de las Minas de 2024, fue una japonesa. Mientras tanto, en Europa y en Estados Unidos, el flamenco está considerado como una música algo exótica. En general, a los extranjeros les llama la atención esa manera tan desgarradora que tenemos de cantar. Fuera, indiscutiblemente, el respeto es mayor.
P.- ¿Está preparando algún proyecto nuevo?
R.- Sí, dispongo de un montón de material y he compuesto muchas cosas, pero necesito parar y grabar, porque he estado inmerso en una vorágine de espectáculos y giras. En mi nuevo disco plasmaré el flamenco tradicional, que siempre va conmigo, y uno más evolucionado, sin perder la identidad y la raíz, con adaptaciones y musicalizaciones de poemas de Lorca, de León Felipe, de Machado, incluso del Quijote. En 2014 grabé el disco ‘Yo solo’, y he hecho colaboraciones, como la de un pianista húngaro con fusión de jazz.
P.- A sus 51 años, ¿se ha marcado alguna meta?
R.- No. En mi vida han ido apareciendo retos, y en cada uno siempre he pensado que no estaba a la altura, y eso me ha hecho trabajar y estudiar, prepararme para intentar sacarlo con la mayor solvencia. Siguen apareciendo nuevos retos, donde trato de poner el empeño y todo mi ser para que funcionen. Y esa es la meta, seguir haciendo lo mejor posible las cosas que vayan surgiendo.
Texto y fotos: Oliva Carretero Ruiz

