
Blanca Esteban Luna / Seguridad Alimentaria (Asociación de Celíacos y
Sensibles al Gluten)
Una de cada cien personas padece enfermedad celíaca (EC), aunque muchas de ellas aún no lo saben. Para quienes sí tienen diagnóstico, algo tan cotidiano como comer puede convertirse en un ejercicio constante de vigilancia. Hace no tanto tiempo, esto implicaba renunciar a gran parte de la vida social: encontrar productos adecuados era difícil, comer fuera suponía un riesgo y, en muchos casos, ni siquiera se llegaba a obtener un diagnóstico claro.
Hoy, en cambio, los supermercados están llenos de etiquetas “sin gluten”, los restaurantes incluyen opciones específicas y el término forma parte de lo cotidiano. Pero, en medio de esta aparente normalidad, surge una pregunta inevitable: ¿es realmente más fácil ser celíaco hoy?
Cuando el problema era invisible.- Durante décadas, la EC fue una gran desconocida. Muchos pacientes pasaban años, incluso toda la vida, sin diagnóstico, atribuyendo sus síntomas a problemas digestivos menores o a causas inespecíficas. La falta de conocimiento médico y social hacía que la dieta sin gluten fuera difícil de seguir, no solo por la escasez de productos, sino por la incomprensión del entorno.
Comer fuera de casa era, en la práctica, una actividad de riesgo. No existían protocolos claros en restauración ni un etiquetado fiable. En ese contexto, el mayor problema no era solo la dieta, sino la invisibilidad de la propia enfermedad.
El boom del “sin gluten”.- En la última década, el panorama ha cambiado radicalmente. La industria alimentaria ha experimentado una auténtica revolución: panes, pastas, galletas, pizzas, churros… cualquier producto tiene su versión sin gluten. El etiquetado ha mejorado, la legislación es más estricta y la conciencia social ha aumentado. A primera vista, todo parece indicar que la vida del celíaco es más sencilla que nunca.
Más opciones, nuevos problemas.- Sin embargo, esta mejora tiene matices importantes. La abundancia de productos no siempre se traduce en una accesibilidad real.
Uno de los principales obstáculos sigue siendo el precio. Los productos sin gluten pueden costar significativamente más que sus equivalentes tradicionales, lo que convierte la dieta, que en este caso es un tratamiento médico, en una carga económica constante para las familias con miembros celíacos. Según el estudio que realizamos desde la Asociación, seguir una dieta sin gluten supone un gastro extra de unos 800 euros al año.
A esto se suma otro problema relevante: la proliferación de restaurantes que afirman ofrecer opciones sin gluten, pero cuya oferta se limita, en muchos casos, a incluir pan o cerveza sin gluten. Sin embargo, no cuentan con protocolos adecuados en cocina para evitar el contacto cruzado con gluten durante la elaboración de los platos.
La confusión de la “moda”.- La popularidad de la dieta sin gluten ha traído consigo otro efecto inesperado: la banalización de la enfermedad. Cada vez más personas eliminan el gluten de su dieta por decisión propia, sin diagnóstico médico.
Esto ha generado confusión entre conceptos como intolerancia, sensibilidad y EC, que no son equivalentes. Para quienes sí necesitan evitar el gluten de forma estricta, esta confusión puede traducirse en una menor percepción del riesgo por parte de la sociedad. Frases como “por un poco no pasa nada” reflejan precisamente este problema. Para una persona celíaca, sí pasa.
Una realidad que depende del lugar.- No todos los avances se distribuyen de forma equitativa. En algunos países existen ayudas económicas, normativas claras y una amplia oferta de productos; en otros, el acceso sigue siendo limitado. Incluso dentro de una misma región, la experiencia puede variar entre grandes ciudades, con más opciones y mayor concienciación, y entornos rurales, donde la oferta es más reducida. La facilidad de vivir con EC, por tanto, no depende solo del momento histórico, sino también del contexto geográfico.
Mirando al futuro.- La investigación científica abre nuevas posibilidades. Desde terapias en desarrollo hasta mejoras en el diagnóstico, el futuro apunta hacia una gestión más sencilla de la enfermedad. Sin embargo, a día de hoy, la única herramienta efectiva sigue siendo una dieta estricta sin gluten. El verdadero avance parece estar en la educación: una sociedad mejor informada reduce riesgos, facilita el día a día de aquellos que conviven con esta condición.
Más fácil… pero no fácil.- Ser celíaco hoy es, sin duda, más llevadero que hace unas décadas. Hay más información, más productos y más visibilidad. Pero esa aparente facilidad convive con nuevos desafíos: el coste económico, la desinformación y una normalización que, en ocasiones, diluye la gravedad del problema. Entre la comodidad de lo disponible y la complejidad de lo necesario se encuentra la realidad de millones de personas. Una realidad que ha mejorado, sí, pero que todavía dista de ser sencilla.

