“Ábrego, toledano, cierzo, matacabras, moriscote, solano…son los vientos que me han hecho lo que soy, sin ellos estos gigantes a los que me dedico en cuerpo y alma no cobrarían vida, esa vida que es la mía, la que siendo bien joven me cautivó y me sigue cautivando”, así nos recibía Juan Bautista Sánchez recorriendo el Albaicín y la Sierra de Campo de Criptana para explicarnos su historia.

Todo empezó en el año 1996, recién cumplidos los dieciséis, cuando Juan entra en la escuela taller para la rehabilitación de uno de los molinos de viento, el “Sardinero”, algo que avivó en él esa inquietud por aprender y descubrir como convertir un álamo negro en una pieza clave para mover un molino.

Una vez al mes, el viejo “Burleta”, se viste de gala y extiende sus lienzos para ser acariciado por los vientos y con el delicado cuidado de Juan, ataviado con su blusón blanco cuando suelta el freno, este imponente molino del siglo XVI vuelve a moler grano.

Después de todos estos años, “la rehabilitación de molinos de viento se ha convertido en una parte importante de mi vida, es emocionante enfrentarse a una maquinaria antigua y original que hay que arreglar y recomponer para que vuelva a girar y marcar el ritmo acompasado de las piedras volandera y solera rascando entre sí y los quejidos y traqueteos de la madera de la rueda catalina, devolviendo a la vida a esta maravilla de la ingeniería XVI”.

La recuperación de este oficio le ha llevado a recorrer gran parte de la península y las Islas Baleares, pero es cuando está en Campo de Criptana, en su Sierra a los pies de los vetustos gigantes, con las calles y rincones de su pueblo repletas de gentes ante sus ojos, cuando más orgulloso se siente. Un orgullo igual al que le produce haber sido elegido para pregonar las Fiestas de Campo de Criptana 2024.