Francisco Javier Morales Hervás y Aurora Morales Ruedas / Doctor en Historia y Graduada en Historia del Arte

La conquista española de América no habría sido exitosa si no se hubiese desarrollado de forma paralela un proceso de colonización que permitió asentar la población en núcleos estables, en el cual tuvieron un destacado papel algunas mujeres como Mencía Calderón, que nació hacia 1515 en la localidad extremeña de Medellín en el seno de una familia de noble linaje que estaba emparentada con los conquistadores Cortés y Pizarro. En 1535 contrajo matrimonio con un rico caballero, Juan de Sanabria, quien poco tiempo antes había enviudado de su primera mujer. En 1547 el Consejo de Indias decidió nombrar a Juan de Sanabria “Adelantado del Río de la Plata”, nombramiento que le comprometía a trasladar a esta zona del continente americano a unos cien hombres con sus familias, además de varias decenas de mujeres con el fin de consolidar la presencia española en este territorio que estaba padeciendo el asedio de los portugueses, que no acataban el reparto establecido en el Tratado de Tordesillas de 1494.

Ciertas dificultades para lograr la financiación necesaria hicieron que se retratase el inicio de esta empresa y cuando ya se estaban preparando las seis naves con las que se iba a realizar la travesía hasta América, una inesperada enfermedad provocó el fallecimiento de Juan de Sanabria en Sevilla en 1549. Tras esta desgracia, se nombró a Diego de Sanabria, el hijo mayor que Juan había tenido con su primera mujer, como nuevo Adelantado. Dada la juventud de Diego, que apenas contaba con 18 años, Mencía solicitó recibir el cargo de “Co-adelantada”, título que le fue concedido por el rey Carlos I.

La expedición partió de Sanlúcar de Barrameda a comienzos de 1550. Se organizó en dos grupos de tres naves: uno capitaneado por Diego de Sanabria y otro dirigido por Mencía Calderón a quien acompañaban sus tres hijas (María, Mencía y Francisca) y en el que iban unas cincuenta mujeres, la mayor parte de las cuales eran doncellas pertenecientes a familias hidalgas. Las naves que estaban bajo el control de Mencía se aprovisionaron en las Islas Canarias de agua y víveres para poder seguir su ruta hacia América, pero la travesía iba a estar repleta de problemas. Pocos días después de abandonar el archipiélago canario, cuando la expedición se dirigía hacia Cabo Verde, una fuerte tempestad dispersó las tres naves y poco después, cerca del golfo de Guinea, el barco en el que iba nuestra protagonista fue abordado por piratas franceses, con los que Mencía tuvo que mostrar sus mejores dotes como negociadora, ofreciéndoles joyas, alimentos, ropajes e, incluso, instrumentos de navegación con el fin de evitar que las mujeres que la acompañaban fuesen ultrajadas o acabasen siendo esclavizadas y vendidas en algún puerto de la costa africana. A pesar de todas las adversidades, los desperfectos sufridos por el barco y las bajas humanas que se produjeron, Mencía logró mantener la moral de marineros y tripulación hasta llegar a la isla de Santa Catalina en diciembre de 1550 con un contingente de personas que se había reducido notablemente como consecuencia del hambre, la sed y enfermedades como el escorbuto, que provocaron la muerte de muchos miembros de la expedición, entre ellos la propia hija pequeña de Mencía.

Izq.: Ruta de la expedición en el continente. Centro: Mencía decidió seguir la costa atlántica americana hacia el sur a lo largo de un centenar de kilómetros hasta que encontró un lugar propicio para fundar el puerto de San Francisco. Dcha.: Tomé de Sousa, gobernador portugués de San Vicente, quien retuvo durante casi dos años a Mencía hasta que ésta logró escapar.

Desde Santa Catalina, Mencía decidió seguir la costa atlántica americana hacia el sur a lo largo de un centenar de kilómetros hasta que encontró un lugar propicio para fundar el puerto de San Francisco, lo cual supuso un hito importante pues representaba el primer enclave español en el litoral del Atlántico sur. El establecimiento de este enclave era contrario a los intereses de Portugal y por ello en 1553 Tomé de Sousa, gobernador portugués de San Vicente, ordenó desmantelar este núcleo de población y llevó a Mencía y a su comitiva hasta su gobernación, donde los retuvo durante casi dos años hasta que Mencía, aprovechando una breve ausencia de Sousa, logró escapar y regresar a San Francisco, donde esperó la llegada de auxilio. Como la ayuda anhelada no llegaba y desesperada por los constantes ataques de poblaciones indígenas, Mencía decidió en 1555 adentrase hacia el interior del continente para intentar alcanzar el territorio de Paraguay. De este modo afrontaba una nueva y arriesgada aventura en la que tuvo que hacer frente a constantes peligros al tener que recorrer más de mil kilómetros, en los que tuvo que atravesar selvas, montañas y ríos. Finalmente, en febrero de 1556, tras seis años repletos de todo tipo de peripecias y adversidades, Mencía Calderón lograba el objetivo con el que había salido de España al llegar a la ciudad de Asunción con unas cuarenta mujeres, que en su mayor parte se casaron con oficiales y soldados españoles que habían participado en la conquista y defensa de esas tierras.

Mencía vivió durante un tiempo en Asunción, donde en 1564 redactó un informe en el que recogía los hechos principales de la expedición que organizó. Años después fijó su residencia en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), donde murió hacia 1593, dejando un importante legado por su valentía y por la fuerza de su carácter, que le permitió mantener cohesionado al grupo de hombres y mujeres que lideró hasta alcanzar el propósito que había asumido al emprender como “Adelantada” esta empresa tan arriesgada.